Cómo comenzar el Método Dolce®

Hay una pregunta que aparece con mucha frecuencia cuando una familia siente que ha encontrado una forma de trabajar con la que conecta.

«¿Cómo puedo comenzar?»

A veces llega después de haber leído varios artículos.

Otras, tras completar el Indicador Dolce®.

En ocasiones aparece después de una conversación por WhatsApp o de haber recorrido la web intentando comprender si lo que estáis viviendo tiene nombre y, sobre todo, si tiene una forma diferente de abordarse.

Es una pregunta sencilla.

Pero rara vez nace de un impulso.

Detrás de ella suele haber semanas, meses o incluso años de dudas.

De intentar resolver los conflictos de otra manera.

De buscar información.

De probar herramientas.

De esperar a que una etapa difícil pase por sí sola.

Cuando una familia me hace esa pregunta, normalmente no está preguntando únicamente cómo reservar una cita.

Está preguntando algo mucho más profundo.

¿Ha llegado el momento de pedir ayuda?

¿Realmente necesitamos un proceso de acompañamiento?

¿Y si todavía podemos solucionarlo solos?

Después de muchos años acompañando a familias, he aprendido que ese momento suele estar lleno de emociones aparentemente contradictorias.

Por un lado aparece la ilusión.

La sensación de haber encontrado una forma de comprender la convivencia que, por fin, tiene sentido.

Por otro, surge la incertidumbre.

La duda de si será el momento adecuado.

El miedo a volver a depositar expectativas en algo que quizá no funcione.

La preocupación por tomar una decisión importante sin tener toda la información.

Y me parece completamente comprensible.

Porque iniciar un proceso terapéutico nunca debería ser una decisión impulsiva.

Tampoco debería basarse únicamente en el cansancio acumulado o en la desesperación de un momento especialmente difícil.

Necesita algo mucho más importante.

Necesita comprensión.

Con frecuencia observo que muchas familias creen que comenzar significa comprometerse inmediatamente con un recorrido completo.

Como si el primer paso consistiera en decir sí a un proceso sin espacio para detenerse a valorar si realmente es lo que necesitan.

Sin embargo, esa no es la forma en la que entiendo el acompañamiento psicológico.

Desde la mirada del Método Dolce®, comenzar no significa tomar una decisión definitiva.

Significa abrir un espacio para comprender vuestra realidad con mayor profundidad.

Para descubrir qué está ocurriendo dentro de vuestro sistema familiar.

Para poner nombre a dinámicas que quizá lleváis mucho tiempo viviendo sin llegar a entender del todo.

Y, solo después, decidir con criterio si este es el camino que mejor puede ayudaros.

Precisamente por eso existen distintas formas de dar ese primer paso.

Hay familias que sienten que ya están preparadas para solicitar directamente una sesión diagnóstica.

Otras prefieren comenzar realizando el Indicador Dolce®, porque necesitan una primera orientación antes de decidir.

Y también hay quienes simplemente necesitan hacer una pregunta, resolver una duda o contarme brevemente su situación antes de valorar cuál puede ser el camino más adecuado.

Ninguna de esas opciones es mejor que otra.

Cada una responde a un momento diferente.

Y todas tienen el mismo objetivo.

Que el primer paso nazca de la comprensión y no de la precipitación.

Porque, si hubiera una idea que merece acompañarnos desde el comienzo de este artículo, sería esta:

Comenzar no significa comprometerse con un proceso. Significa empezar a comprender si ese proceso tiene sentido para vuestra familia.

El primer paso no siempre es el mismo

Existe una idea muy extendida sobre cómo comienza un proceso terapéutico.

Pensamos que, de un día para otro, una familia decide pedir ayuda.

Como si hubiera un instante muy concreto en el que todo estuviera claro.

En mi experiencia, rara vez ocurre así.

Después de muchos años acompañando a familias, he aprendido que el verdadero comienzo suele producirse mucho antes de solicitar una sesión o de escribir un primer mensaje.

Empieza cuando algo deja de encajar.

Cuando la convivencia comienza a sentirse más pesada de lo habitual.

Cuando aparecen discusiones que antes no existían.

Cuando un padre o una madre descubre que está reaccionando de una forma que no reconoce como propia.

O cuando, simplemente, aparece una sensación difícil de explicar, pero imposible de ignorar.

La intuición de que algo necesita cambiar.

Cada familia llega a ese momento por un camino diferente.

Algunas tienen muy claro que necesitan ayuda.

Han probado distintas estrategias.

Han leído libros.

Han escuchado podcasts.

Han seguido recomendaciones de profesionales.

Y, aun así, sienten que los conflictos continúan repitiéndose.

No buscan una solución rápida.

Buscan comprender por qué, a pesar de todo el esfuerzo que están haciendo, la convivencia sigue resultando tan difícil.

Otras familias llegan con muchas más dudas.

No saben si lo que están viviendo forma parte del desarrollo normal de sus hijos.

Se preguntan si quizá están exagerando.

O si deberían esperar un poco más antes de dar un paso.

Hay una frase que escucho con mucha frecuencia en consulta.

«No sabemos si esto es suficientemente importante como para pedir ayuda.»

Y siempre me parece una reflexión muy significativa.

Porque muestra hasta qué punto muchas familias creen que solo deberían buscar acompañamiento cuando la situación es insostenible.

Como si pedir ayuda fuera el último recurso y no una oportunidad para comprender antes de que el desgaste sea aún mayor.

También hay familias que no buscan una respuesta inmediata.

Lo que necesitan es orientación.

Quieren entender mejor lo que está ocurriendo.

Saber si lo que viven tiene sentido.

Descubrir si existe una forma diferente de afrontar la convivencia antes de tomar cualquier decisión.

Por eso, no todas necesitan empezar por el mismo lugar.

Algunas sienten que ha llegado el momento de solicitar directamente una sesión diagnóstica.

Otras prefieren comenzar realizando el Indicador Dolce®, porque les ayuda a ordenar lo que están viviendo y a obtener una primera visión de su situación antes de decidir si desean dar el siguiente paso.

Y otras simplemente necesitan escribirme para hacer una pregunta.

Contarme brevemente su realidad.

Resolver una duda.

Saber si el Método Dolce® puede responder a aquello que les preocupa.

Todas esas formas de empezar son igualmente válidas.

Porque ninguna de ellas implica un compromiso inmediato.

Lo que representan es algo mucho más importante.

Representan el deseo de dejar de vivir la convivencia desde la improvisación para empezar a mirarla con mayor claridad.

Y esa diferencia cambia por completo el sentido del primer paso.

No todas las familias comienzan en el mismo lugar.

No todas necesitan el mismo ritmo.

No todas llegan con las mismas certezas.

Lo verdaderamente importante no es elegir la puerta de entrada perfecta.

Lo importante es encontrar aquella que os permita empezar a comprender vuestra realidad desde un lugar más sereno, más consciente y más respetuoso con el momento en el que os encontráis hoy.

Hay algo que observo con mucha frecuencia

Hay una escena que se repite constantemente cuando acompaño a una familia.

Llegan buscando una respuesta muy concreta.

Quieren saber qué hacer cuando su hijo no acepta un límite.

Cómo reaccionar ante una rabieta.

Qué decir cuando aparecen los gritos.

Cómo conseguir que las mañanas sean menos caóticas.

O cómo dejar de terminar el día con la sensación de haber perdido el control.

Es lógico.

Cuando una convivencia empieza a desgastarnos, lo primero que buscamos es una solución que alivie ese malestar cuanto antes.

Queremos dejar de sufrir.

Y, si es posible, hacerlo rápido.

Vivimos rodeados de mensajes que prometen precisamente eso.

Cinco pasos.

Tres técnicas.

Una frase que hará que tu hijo colabore.

Una estrategia para acabar con las rabietas.

Una rutina infalible para recuperar la calma.

Sin embargo, después de muchos años de práctica clínica, he aprendido que el problema rara vez está en no conocer una herramienta más.

Con frecuencia, las familias que llegan a consulta han leído mucho más sobre crianza de lo que ellas mismas imaginan.

Han probado distintos enfoques.

Han puesto en práctica consejos con verdadera dedicación.

Y, durante unos días, incluso sienten que funcionan.

Pero el conflicto termina reapareciendo.

No porque hayan hecho algo mal.

Ni porque esas herramientas sean necesariamente incorrectas.

Sino porque estaban intentando resolver una consecuencia sin haber comprendido todavía el origen.

Ese suele ser uno de los cambios más importantes que aparecen durante el proceso.

Las familias llegan buscando respuestas.

Y poco a poco descubren que, antes de encontrar una solución, necesitaban comprender qué estaba sosteniendo ese conflicto.

Porque una misma conducta puede tener significados completamente distintos según la historia de esa familia, la forma en que se relacionan entre ellos, el nivel de regulación emocional de los adultos o el momento vital que estén atravesando.

Por eso desconfío de las soluciones universales.

No porque las herramientas no sean útiles.

Lo son, cuando aparecen en el momento adecuado.

El problema surge cuando se convierten en el punto de partida.

Es como intentar reparar una grieta pintando encima de ella sin preguntarnos por qué apareció.

Durante un tiempo puede parecer que ha desaparecido.

Pero la estructura continúa exactamente igual.

Desde la mirada del Método Dolce®, el verdadero cambio comienza cuando dejamos de preguntarnos únicamente «¿qué tengo que hacer?» y empezamos a formular otra pregunta mucho más transformadora:

«¿Qué está ocurriendo realmente en nuestra familia para que esta situación se repita una y otra vez?»

Ese cambio puede parecer pequeño.

Sin embargo, modifica por completo la forma de entender la convivencia.

Porque el objetivo deja de ser apagar incendios cada día.

Empieza a ser comprender por qué el fuego encuentra siempre el mismo lugar donde volver a prender.

Y esa comprensión cambia también la manera de vivir el primer paso.

Ya no se trata de encontrar la respuesta perfecta.

Se trata de mirar vuestra realidad con la profundidad suficiente para descubrir qué necesita realmente vuestra familia.

Porque solo cuando comprendemos el origen de lo que vivimos podemos decidir, con criterio y serenidad, cuál es el camino más adecuado para empezar a transformarlo.

La sesión diagnóstica: el verdadero comienzo

Cuando una familia me pregunta cómo puede comenzar, muchas veces imagina que el primer paso consiste en iniciar el Método Dolce®.

Sin embargo, esa no es la forma en la que entiendo un acompañamiento psicológico.

El verdadero comienzo no es el proceso.

Es la comprensión.

Por eso, antes de plantear cualquier recorrido, siempre existe un espacio de valoración.

No porque sea un requisito previo.

Sino porque sería poco responsable proponer un camino sin haber comprendido primero cuál es la realidad de esa familia.

Después de muchos años de práctica clínica, cada vez estoy más convencida de que las dificultades de convivencia rara vez pueden entenderse observando únicamente aquello que ocurre en la superficie.

Una rabieta.

Una discusión.

Una negativa constante.

Una sensación de agotamiento.

Todo eso existe.

Pero también es solo la parte visible de una historia mucho más amplia.

Detrás de cada situación hay una forma de relacionarse.

Un equilibrio que, en algún momento, dejó de sostener a la familia.

Un sistema que intenta adaptarse como puede a las necesidades, las emociones y las dificultades de cada uno de sus miembros.

Por eso, durante esa primera valoración, mi interés no está centrado únicamente en aquello que ocurre con vuestro hijo.

Tampoco en identificar quién tiene razón o quién debería actuar de otra manera.

Lo que intento comprender es cómo funciona vuestro sistema familiar.

Qué dinámicas se han ido construyendo con el tiempo.

Qué intentos de solución habéis puesto en marcha.

Qué recursos ya existen dentro de vuestra familia.

Y qué aspectos pueden estar manteniendo el malestar sin que nadie sea realmente consciente de ello.

Con frecuencia, las familias llegan pensando que necesitan aprender nuevas herramientas.

Y, sin embargo, descubren algo mucho más importante.

Empiezan a entender por qué las herramientas que ya conocían dejaban de funcionar una y otra vez.

Porque las herramientas no transforman un sistema por sí solas.

Necesitan una dirección.

Y esa dirección solo puede aparecer cuando comprendemos qué necesita realmente esa familia.

Desde la mirada del Método Dolce®, esa primera valoración también permite observar el lugar desde el que el adulto está sosteniendo la convivencia.

No para juzgar.

Ni para señalar errores.

Sino para comprender cuánto espacio ocupa hoy la regulación emocional, cómo se toman las decisiones, qué grado de seguridad transmite el adulto referente y de qué manera todo ello influye en el equilibrio del sistema familiar.

He aprendido que muchas familias sienten un enorme alivio cuando dejan de mirar únicamente los conflictos aislados y empiezan a ver la imagen completa.

Porque, de repente, situaciones que parecían inconexas empiezan a tener sentido.

Las discusiones.

El cansancio.

La dificultad para poner límites.

La culpa.

La sensación de caminar siempre con prisas.

Todo deja de ser una suma de problemas independientes y comienza a entenderse como parte de un mismo sistema de relaciones.

Y ese cambio de mirada ya es, en sí mismo, una parte muy importante del proceso.

Por eso nunca entiendo la sesión diagnóstica como un simple paso previo.

La entiendo como el lugar donde comienza la comprensión.

El espacio donde dejamos de buscar respuestas rápidas para empezar a descubrir qué está ocurriendo realmente.

Solo cuando esa comprensión existe es posible decidir, con serenidad y criterio clínico, cuál es el camino más adecuado para vuestra familia.

Porque el verdadero comienzo del Método Dolce® no sucede el día que decidís iniciar un proceso.

Sucede el día en que vuestra historia deja de mirarse desde los síntomas y empieza a comprenderse desde el funcionamiento del sistema familiar.

Y, desde mi experiencia, ese cambio de mirada suele ser el primer paso hacia una convivencia más estable, más consciente y con una dirección mucho más clara.

Existen diferentes formas de dar ese primer paso

Después de leer los artículos del Centro de Conocimiento, algunas familias sienten con claridad que ha llegado el momento de dar un paso más.

Otras, en cambio, todavía necesitan tiempo.

Quieren seguir comprendiendo.

Ordenar lo que están viviendo.

Resolver alguna duda antes de tomar una decisión.

Y ambas formas de encontrarse son igual de válidas.

Durante mucho tiempo hemos entendido que pedir ayuda era una decisión que debía tomarse de una sola vez.

Como si solo existieran dos posibilidades: empezar un proceso o no hacer nada.

Sin embargo, la realidad rara vez funciona así.

Cada familia llega en un momento distinto.

Con una historia diferente.

Con un nivel de claridad diferente.

Y eso significa que también necesita una puerta de entrada distinta.

Por eso, el Método Dolce® no comienza siempre del mismo modo.

No porque el proceso cambie.

Sino porque las personas no llegan todas desde el mismo lugar.

Hay familias que sienten que ya tienen suficiente información y desean realizar una valoración clínica completa.

Han leído.

Han reflexionado.

Reconocen muchas de las situaciones descritas en los artículos.

Y sienten que ha llegado el momento de comprender con profundidad qué está ocurriendo y si este acompañamiento puede responder a sus necesidades.

En esos casos, la forma más adecuada de comenzar suele ser solicitar directamente una sesión diagnóstica.

No para iniciar automáticamente un proceso.

Sino para disponer de un espacio donde comprender su realidad desde una mirada clínica y decidir, con criterio, cuál es el camino más adecuado.

Otras familias todavía no sienten esa necesidad.

Lo que buscan es una primera orientación.

Necesitan detenerse unos minutos, responder algunas preguntas y observar su convivencia desde una perspectiva diferente.

Para ellas existe el Indicador Dolce®.

Su finalidad no es realizar un diagnóstico.

Tampoco sustituye una valoración psicológica.

Es una herramienta de reflexión que ayuda a identificar determinadas dinámicas presentes en la convivencia y ofrece una primera aproximación a aquellos aspectos que pueden estar necesitando mayor atención.

Con frecuencia, completar el Indicador Dolce® permite poner nombre a sensaciones que hasta ese momento resultaban difíciles de explicar.

Y, en otras ocasiones, simplemente ayuda a confirmar que todavía necesitan seguir observando antes de tomar una decisión.

Ambas posibilidades son igualmente valiosas.

También hay familias que no necesitan ni una valoración inmediata ni realizar el Indicador.

Lo único que necesitan es hacer una pregunta.

Contarme brevemente su situación.

Preguntarme si trabajo una determinada dificultad.

Saber si este enfoque puede encajar con el momento que están viviendo.

Por eso también existe la posibilidad de escribirme directamente.

A través del botón de WhatsApp o de la página de contacto podéis plantearme esas primeras dudas con total tranquilidad.

No espero que una familia tenga todas las respuestas antes de ponerse en contacto conmigo.

Al contrario.

Entiendo que, precisamente, cuando aparecen las dudas es cuando resulta más útil poder conversar y orientar cuál puede ser el siguiente paso.

Porque pedir información no implica asumir ningún compromiso.

Y preguntar tampoco significa que tengáis que iniciar un proceso.

Significa, simplemente, que estáis buscando comprender mejor vuestra situación.

Eso es algo que siempre merece la pena.

Si algo he aprendido acompañando a familias es que no existe una única forma correcta de empezar.

Existe la forma que mejor respeta el momento en el que os encontráis hoy.

A veces será una sesión diagnóstica.

Otras veces será el Indicador Dolce®.

Y, en muchas ocasiones, todo empezará con una conversación sencilla para resolver una duda.

Lo verdaderamente importante no es elegir la puerta de entrada perfecta.

Lo importante es que el primer paso os acerque a una comprensión más profunda de vuestra realidad.

Porque esa comprensión será siempre el mejor punto de partida para cualquier cambio que decidáis emprender.

La mirada del Método Dolce®

Si hay algo que define la forma en la que entiendo el acompañamiento psicológico es que nunca parto de una solución predeterminada.

No creo que todas las familias necesiten recorrer el mismo camino.

Ni que exista un protocolo que pueda aplicarse de igual manera a todas las situaciones.

Cada familia tiene una historia.

Un ritmo.

Unas fortalezas.

Unas dificultades.

Y una forma única de relacionarse.

Por eso, desde la mirada del Método Dolce®, comenzar no significa incorporarse a un programa.

Significa encontrar el punto de partida que tenga sentido para esa familia concreta.

Con frecuencia, cuando hablo de responsabilidad clínica, no me refiero únicamente a ofrecer una intervención basada en la evidencia.

También me refiero a la responsabilidad de no proponer un recorrido antes de haber comprendido qué necesita realmente esa familia.

Sería mucho más sencillo pensar que todas las personas que llegan hasta aquí necesitan exactamente el mismo proceso.

Pero esa no sería una forma honesta de ejercer mi profesión.

He aprendido que detrás de dificultades aparentemente muy parecidas pueden existir realidades completamente diferentes.

Dos niños pueden reaccionar con rabietas intensas.

Dos madres pueden sentirse profundamente desbordadas.

Dos familias pueden describir conflictos muy similares.

Y, sin embargo, aquello que sostiene esas situaciones puede ser radicalmente distinto.

Por eso el Método Dolce® no trabaja sobre los síntomas aislados.

Trabaja sobre el funcionamiento del sistema familiar.

Sobre la forma en que los adultos sostienen la convivencia.

Sobre el lugar que ocupa el adulto referente dentro de la familia.

Sobre la capacidad de regulación emocional cuando aparecen los momentos difíciles.

Y sobre la dirección que necesita recuperar ese sistema para volver a sentirse estable.

Ese es el verdadero motivo por el que nunca entiendo el inicio del proceso como una decisión administrativa.

Lo entiendo como una decisión clínica.

Primero necesito comprender.

Después valorar.

Y solo entonces puedo recomendar el recorrido que considero más adecuado.

Nunca al revés.

Porque la confianza no nace de prometer soluciones.

Nace de sentir que alguien ha dedicado el tiempo necesario a comprender vuestra realidad antes de proponeros un camino.

Y esa forma de trabajar no solo protege a las familias.

También protege el propio sentido del Método Dolce®.

Porque su objetivo nunca ha sido que todas las familias comiencen un proceso.

Su objetivo es que cada familia encuentre el acompañamiento que realmente necesita, incluso cuando eso signifique reconocer que ese acompañamiento no es el Método Dolce®.

Creo que esa es una de las mayores responsabilidades que puede asumir un profesional.

Y, al mismo tiempo, una de las mejores formas de construir una relación basada en la confianza desde el primer encuentro.


¿Qué ocurre después?

Cuando finaliza la sesión diagnóstica, muchas familias sienten que ya han dado un paso importante.

Y, en realidad, así es.

Porque independientemente de cuál sea la decisión posterior, ya han empezado a comprender su realidad desde una perspectiva diferente.

Han dejado de mirar únicamente los conflictos cotidianos para empezar a entender cómo funciona el sistema familiar en su conjunto.

A partir de esa comprensión llega el momento de valorar cuál puede ser el siguiente paso.

Si considero que el Método Dolce® es el acompañamiento más adecuado para vuestra situación, os explicaré con claridad cómo sería el recorrido.

Hablaremos de los objetivos que tendría sentido trabajar.

De la planificación más adecuada según vuestro momento.

Del ritmo del proceso.

Y también de toda la información práctica necesaria para que podáis tomar una decisión con tranquilidad, incluida la inversión económica.

No porque espere una respuesta inmediata.

Sino porque creo que una decisión importante merece hacerse con toda la información encima de la mesa y sin ningún tipo de presión.

Sin embargo, también puede ocurrir algo diferente.

Puede que, después de la valoración, considere que el Método Dolce® no es la intervención que mejor responde a vuestras necesidades.

Quizá porque la dificultad principal requiere otro tipo de abordaje.

Porque el momento vital aconseja una intervención distinta.

O porque existe un recurso que considero más adecuado para ayudaros.

Cuando eso sucede, también os lo explicaré con la misma honestidad.

Mi responsabilidad no consiste en que todas las familias inicien un proceso conmigo.

Consiste en orientarlas hacia aquello que, desde mi criterio clínico, considero que puede ayudarles mejor.

Sé que, para muchas personas, esto resulta sorprendente.

Vivimos acostumbrados a pensar que pedir una valoración implica que alguien intentará convencernos de continuar.

Yo no entiendo así mi trabajo.

La sesión diagnóstica no tiene como objetivo que todas las familias comiencen el Método Dolce®.

Tiene un objetivo mucho más importante.

Ayudaros a comprender vuestra realidad y ofreceros una orientación clínica honesta sobre cuál considero que es el camino más adecuado.

Porque, desde mi experiencia, un buen proceso terapéutico no empieza cuando una familia acepta una propuesta.

Empieza cuando ambas partes pueden tomar una decisión compartida basada en la comprensión, la confianza y el criterio profesional.

La idea que me gustaría que recordaras

Si hubiera una sola idea que me gustaría que permaneciera después de leer este artículo, sería esta:

Comenzar un proceso terapéutico no significa haber tomado una decisión definitiva.

Significa darte la oportunidad de comprender vuestra realidad con una mirada más amplia, más profunda y más respetuosa con lo que estáis viviendo como familia.

Con demasiada frecuencia pensamos que el primer paso consiste en elegir un tratamiento.

Sin embargo, desde mi forma de entender la psicología, el primer paso consiste en comprender.

Comprender qué está ocurriendo realmente.

Qué necesita vuestro sistema familiar en este momento.

Qué lugar está ocupando el adulto referente.

Y qué cambios pueden ayudar a recuperar una convivencia más estable, más segura y con una dirección clara.

A veces, esa comprensión llevará a iniciar el Método Dolce®.

Otras veces, el primer paso será realizar el Indicador Dolce®, resolver algunas dudas o descubrir que, en este momento, necesitáis un tipo de acompañamiento diferente.

Y todo eso forma parte de un buen proceso de decisión.

Porque no creo que todas las familias deban recorrer el mismo camino.

Creo que cada familia merece encontrar el camino que mejor responda a sus necesidades.

Por eso nunca entenderé el primer paso como una elección apresurada.

Lo entiendo como un acto de cuidado.

Un momento para detenerse.

Para observar la convivencia con otros ojos.

Y para decidir desde la comprensión, no desde el agotamiento, la culpa o la urgencia.

Lo importante no es empezar cuanto antes.

Lo importante es empezar por el lugar adecuado.

Sigue profundizando en el Método Dolce®

Si este artículo te ha resultado útil, quizá también te interese seguir explorando algunos de los conceptos fundamentales del Método Dolce®.

¿Las sesiones son online o presenciales?

¿Qué incluye el Método Dolce®?

¿Por qué el precio del Método Dolce® no aparece publicado?

Cada uno de estos artículos desarrolla uno de los pilares del Método Dolce® y forma parte de un mismo recorrido de comprensión. No es necesario leerlos en un orden concreto, aunque juntos permiten entender con mayor profundidad la filosofía y el funcionamiento de esta metodología.

Sobre la autora

Maria Sara Jemmolo es Psicóloga General Sanitaria, especializada en regulación emocional y acompañamiento a familias con hijos de entre 3 y 8 años.

Es la creadora del Método Dolce®, un modelo de intervención centrado en ayudar al adulto a recuperar la estabilidad, la dirección y el papel de referente dentro del sistema familiar.

Su trabajo integra la experiencia clínica con un enfoque relacional orientado a transformar la convivencia desde la regulación emocional del adulto.

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